El Ciclo de la Vida - Conoce tu Árbol de la Vida Personal y Propósito de Vida

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El Ciclo de la Vida

 
 





La Vida como un Ciclo
de Vida, Muerte y Renacimiento






Bajo el "Ciclo de Vida y Muerte" se comprende que en última instáncia Todo es Vida. Basta con observar la naturaleza para darnos cuenta de que toda vida precisa de una constante renovación. Se trata de un ciclo inherente a cualquier fenómeno natural que como tal, es fácilmente reconocible en todas partes.

Claro ejemplo son las estaciones del año cuya sucesiva secuencia de transformaciones vitales o ciclos biológicos permiten perpetuar la vida en flora y fauna de manera indefinida. Lo vemos en el amanecer de un nuevo día que avanza lentamente hasta el atardecer y muere en el ocaso; momento en que nos acostamos para caer en un profundo sueño reparador que nos permite renacer al día siguiente con energía renovada. O cuando sin ser conscientes de ello nuestro propio cuerpo sigue este mismo ciclo y regenera a diario millones de células en su función metabólica.





No hay duda por tanto de que la muerte es parte fundamental de la Vida. Esta reflexión sobre el ciclo continuo de vida, muerte y renacimiento, no solo puede ayudarnos a dejar de ver el acto de morir como un hecho trágico para verlo como algo perfectamente natural que sigue las leyes de una naturaleza a la cual pertenecemos, sino que lo más importante es que nos despierta a la realidad del Aquí y Ahora para que vivamos el momento presente de una manera mucho más consciente.

Existe en el mundo occidental una tradicional tendencia que perdura todavía hoy, que consiste en eludir a toda costa hablar de cualquier tema relacionado con la muerte.
Esta permanente evasión va forjando poco a poco una actitud de rechazo que acaba provocando incomodidad y malestar cuando alguien hace alguna referencia expresa a la muerte. Esto es fruto de una prácticamente inexistente sensibilización sobre este tema tanto en el ámbito educativo como en el familiar, que suele traer consigo serias dificultades a la hora de gestionar a nivel mental y emocional esta realidad cuando uno se la encuentra de frente; bien sea ante la muerte de un conocido, durante el acompañamiento al final de la vida de un ser querido, o ante la proximidad de la propia muerte.





Es lógico y comprensible que en las etapas de adolescencia y juventud, cuando se está en la plenitud de la vida, con ganas de vivir todo tipo de experiencias estimulantes y emprender
nuevos proyectos ilusionantes, no apetezca pensar en el tramo final de la vida; ya llegará su momento solemos decir..., y en parte no le falta razón a quien así piensa, pero no estaría de más que pudiéramos familiarizarnos con el concepto de la muerte ya de niños abordándolo sin tapujos y con naturalidad cada vez que se presente la ocasión.

Tampoco hace falta profundizar en exceso ni utilizar palabras extrañas, podemos simplemente explicar que la muerte es una etapa más de la vida y que todos tarde o temprano llegaremos un día a esa etapa. Esta actitud favorecerá a que en el futuro esta persona pueda afrontar mucho mejor la pérdida de un familiar o amigo y su consiguiente proceso de duelo.
La cuestión es conseguir romper el silencio sobre este tema ya de pequeños más allá de la simple frase: "cuando alguien se muere va al cielo", para que deje de ser un tema tabú y nos resulte menos escabroso tal y como sucede en otras culturas en las que la muerte es observada y entendida como parte de la Vida en lugar de como un final sin más.






Pero aun aceptando que la vida se perpetúa de manera fluida y dinámica en todos los seres de la creación, resulta inevitable preguntarse ¿seremos conscientes de este proceso?, ¿qué nos deparará la muerte?, ¿iremos al Cielo tal y como afirman algunas religiones?, ¿se produce una secuencia indefinida de renacimientos tal y como sostienen otras?... Todas estas cuestiones son de tal trascendencia, que bien merece la pena que cada cual las examine con suma atención y se sumerja en una profunda reflexión antes no se incline por una u otra opción.



por Ricard Barrufet Santolària




 
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